Como zaragocista debuté en nuestro estadio el 14 de enero. Las cosas no
pintaban bien. Estábamos a un paso de la Segunda División y todo el mundo nos
daba por muertos, esperaba una afición cabreada. Sin embargo, La
Romareda me recibió con gran cariño, no dejaron de animar. Bueno, también nos
dedicaron algunos pitos pero ¿quién puede culparles?
Aquel día empatamos, hicimos de todo para ganar, pero la pelota no quiso
entrar, algo muy frustrante. En el vestuario, los jugadores se veían
desanimados, pero yo estaba eufórico. Les dije: "Chicos,
ahí afuera no se han rendido, nuestra afición cree de verdad en la camiseta y
en el león de su escudo, saben como echarle huevos, tienen carácter, no quiero
que ganéis por ellos, les dije, quiero que os inspiréis en ellos."
Y Por eso vamos a
construir un monumento con los nombres de todos nuestros abonados del Real
Zaragoza. Sí, todos, las 23.000 almas que hay ahora y las que vendrán. Irá
justo aquí, en el lugar donde se siente latir a la afición antes de salir al
campo, el corazón de la Romareda. Así antes de cada partido, los jugadores podrán extender la mano, y si
necesitan fuerza, recogerla de nuestra afición.
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