lunes, 6 de febrero de 2012

Los colores de mi corazon :)



Hace 20 años, el 28 de enero de 1992, mi padre empezaba a teñir mi corazón con dos colores. Como no podía ser de otra forma, eran los colores del equipo de mi ciudad, del león rampante, eran el azul y el blanco, los colores del Real Zaragoza. 

Desde ese día se empezó a forjar un sentimiento hacia estos colores, este club, esta camiseta, este escudo. 

Mi primer recuerdo como Zaragocista, aunque parezca mentira, es estar el 10 de mayo de 1995 en casa de mis abuelos (mis padres estaban en el parque de los príncipes) viendo el partido y diciéndoles que no me iba a dormir que quería ver el partido. 

Desde siempre me han enseñado a querer aquello que es nuestro, lo de casa, a ese equipo reconocido en toda Europa y querido en toda España, un club noble, valiente, con carisma, luchador, un club que “caía” simpático a la mayoría de las aficiones rivales, que estaba entre los grandes de España y peleaba por hacerse hueco entre los grandes de Europa. Ese equipo ganaba sus batallas a base de casta, coraje y orgullo.
Me enseñaron que ser de los que ganan siempre es demasiado fácil, pero ser del Real Zaragoza es difícil, complicado, implica sufrimiento, las derrotas son muy amargas porque lo llevamos muy adentro. Pero por ese motivo las victorias son muchísimo más alegres. No nos hace falta ganar un titulo para dejarnos la voz y lo que haga falta por nuestro equipo, para teñir la ciudad de blanquiazul, para desplazarnos 12.000 personas para vivir una permanencia, para defender por encima de todo este escudo. En definitiva, para no abandonar nunca, para no rendirnos, para demostrar una vez más la grandeza de este club y de esta afición.

Pero últimamente apenas reconozco todo esto que me enseñaron desde el día en que nací. Es la primera vez que tengo esta sensación.
Ahora mi equipo es despreciado en toda España, no pelea por hacerse un hueco entre los “grandes”, sino por logras apuradas permanencias. El coraje, la casta y el orgullo han desaparecido del terreno de juego y todos los zaragocistas, de nacimiento o de adopción, que nos representaban en el campo cada domingo, han sido malvendidos. Nos crecen los enemigos, los problemas y la deuda cada día más.

Todo esto tiene un clarísimo culpable que no se merece ser nombrado. Puede que haya destrozado el club, pero solo aquello que tiene a su alcance, con la afición nunca podrá. Hemos demostrado muchas veces que esta afición unida puede con todo, y esta tiene que ser una más.
Tenemos que ganarle la batalla a este  “señor” y recuperar todo el prestigio, honor y respeto que nuestro club tenía y él ha tirado por la borda.

Porque no podemos dejarlo solo, porque no podemos evitar sonreír al ver a alguien con el escudo en el pecho, porque cuando estamos lejos de Zaragoza paseamos con orgullo nuestra camiseta, por el cosquilleo que sentimos antes de cada partido, porque por muy mal que estemos, siempre estamos ahí apoyándoles, porque los demás no saben lo que se pierden, por todos aquellos que llevan al Real Zaragoza en su corazón: Nayim, Lapetra, Aguado, Poyet, Violeta, Señor, Belsué, Cedrún, Esnaider, Cani, Zapater, Gabi o Doblas... porque por el león yo voy a todos lados y sobretodo, porque es la leyenda que mi sangre hace correr. ZARAGOZA NO SE RINDE.






REAL ZARAGOZA SIEMPRE

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